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Actitudes: El camino al éxito o al fracaso

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Escrito por Ana Sayan

María, la madre de Rafaela, la esperó ese día consternada. Apenas abrió la puerta la encaró:

  • Rafaela, me llamaron de tu colegio ¿cómo es eso de que estás expulsada?
  • Mamá es cierto, mi profesor tuvo la culpa. Cuando le pedí más tiempo para entregar un trabajo él fue irrespetuoso conmigo y tú sabes que cuando las personas no me muestran respeto yo les pago de la misma forma o aún peor.

Rafaela, con sólo 13 años, tenía una actitud bastante arraigada. María quedó en silencio. Sabía que en cierto modo era ella quien le había enseñado a ser así.

Entender cómo es que Rafaela -y en general todos nosotros-, llegamos a pensar y actuar como lo hacemos, no es muy difícil. La programación de nuestras actitudes comienza de niños, las aprendemos de nuestros padres, abuelos, autoridades, amigos etc. Cuanto más pequeños somos, más permeables y, conforme crecemos, adquirimos la capacidad de juzgar y seleccionar, pero igual nos impacta lo que ocurre a nuestro alrededor. Aprendemos observando a los demás, viendo cómo reaccionan en las distintas situaciones de la vida. Más que las palabras, nos marca el ejemplo.

Rafaela había aprendido un principio y un patrón de conducta: “No respectar a las personas que no te respetan”. Lo observó en algún lado y lo tomó para sí sin juzgarlo. Lo que no sabía en ese momento es que esa actitud le traería más daños que beneficios.

CAMBIANDO LO QUE TIENE QUE CAMBIAR

Así como ella, es probable que cada uno de nosotros hayamos asumido en nuestra etapa formativa actitudes que podrían sabotear nuestra vida personal, familiar y hasta profesional. Malos ejemplos que al asimilarlos formaron actitudes que nos hicieron distantes, apáticos, discutidores, defensivos, gruñones, críticos, impacientes, arrogantes, intolerantes, racistas, mártires, sarcásticos, vengativos, huraños, victimistas, pesimistas, etc., la lista puede ser interminable. ¿Identificas alguna de ellos en ti?

Sin embargo, no basta solo con aceptar superficialmente nuestras malas actitudes (lo cual es ya un buen comienzo), sino que necesitamos, a partir de esto, emprender el camino que nos lleve a cambiarlas o extirparlas de nuestra vida. Esto requiere tres pasos claves:

  1. Encontrar la explicación de la raíz.
  2. Descubrir el efecto que tienen en mis relaciones.
  3. Encontrar cómo liberarme de ellas.

Por supuesto que esto no será algo sencillo. Nuestras actitudes se han enraizado por años en nosotros al punto que en algunos casos nos cuesta diferenciarlas de quién somos nosotros. Esto hace que nuestra reacción instintiva, cuando nos hablan de cambio, es que busquemos una excusa, que tratemos de justificar nuestro comportamiento con algún razonamiento “lógico” o inclusive que apelemos a nuestra “libertad” para decidir qué hacer con nuestra vida. Estas reacciones son las primeras que debemos evitar.

SIN COMPROMISO NO HAY CAMBIO

¿Qué es lo que necesitamos para superar nuestras malas actitudes?.. Compromiso. Es decir, deseo sincero de querer ser mejores y acciones concretas que lo demuestren.

La Dra. Carolina Leaf, especialista en aprendizaje, hace una definición que me gusta mucho y que resume muy bien todo el proceso que debemos asumir: “El comportamiento comienza con un pensamiento, los pensamientos estimulan las emociones, las emociones generan actitudes y, finalmente, estas actitudes se expresan en comportamientos”.

Veamos un sencillo ejemplo de este proceso. Un pensamiento tóxico (“mi vecina es chismosa”), da lugar a una emoción tóxica (malhumorarse al ver a la vecina). Esta, a su vez, genera una actitud tóxica (evitar a la vecina), que podría llevar a un comportamiento tóxico (responderle mal cuando me hable). Cada cosa nos lleva al siguiente peldaño destructivo.

El compromiso, entonces, se inicia con el control de nuestros pensamientos. Esa es la elección que debemos tomar. Cada vez que un pensamiento negativo asome a tu mente debes neutralizarlo, impedir que siembre una emoción tóxica en ti. Esa elección cambiará poco a poco (hay que tener paciencia) tu comportamiento.

Elije la plenitud en cada aspecto de tu vida. Piensa de forma constructiva, objetiva, y sana. Aprende a elegir lo bueno y agradable. Recuerda que el pensamiento es poderoso y determina tu emoción, tu actitud y tu comportamiento. Esto no es fácil, no es rápido, pero se puede lograr. Tú puedes aprender a mostrar la actitud correcta en cada circunstancia que pasas y ser luz en este mundo negativo.

CINCO PASOS PARA LA ACCIÓN

Debes estar preguntándote cómo empezar, cuáles son los primeros pasos que debes que dar. Aquí hay cinco pasos concretos:

  1. Concéntrate en la solución.
  2. Ten confianza en la salida elegida.
  3. Entrena tu pensamiento y tu reacción.
  4. Busca la lección o la enseñanza a todo.
  5. Ten fe en que toda situación, aun aparentemente mala, te traerá un bien.

Rafaela se dejó llevar por lo que había aprendido pero al final se dio cuenta que no todo estaba perdido. Con la ayuda adecuada ella, junto a su madre, emprendieron el camino de dejar atrás las cargas heredadas y avanzar con firmeza al gran cambio de actitud. ¿Lo harás tú también?..

Acerca del autor

Ana Sayan

Coach de la International Coaching Community – Londres, especialista en Valores humanos y Desarrollo Personal de Character First Institute – DF. México, Implementingpartner, Alta Dirección y Negocios en la Universidad de Piura (PAD), Directora General de Crece Consultores Perú S.A.C.

Especialista de Secuencia por RPP Noticias Radio y Televisión, brindando temas enfocados al desarrollo personal y familiar. Coach de Radio Corazón. Columnista de la Revista del Club Regatas Lima y de la Revista Viú del diario El Comercio.

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