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Arrogancia: Cuando se nos suben los humos

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Escrito por Ana Sayan

De todas las actitudes negativas la arrogancia es una de las más destructivas, no solo para los que nos rodean sino, sobre todo, para nosotros mismos. La arrogancia es un defecto en la personalidad que anula en nosotros el importante valor de la humildad y nos hace sentirnos y creernos superiores a los demás. La persona arrogante es orgullosa, soberbia, altiva, jactanciosa, engreída, prepotente y altanera.

¿Cómo se comporta una persona con actitud arrogante?

1. Habla de sí mismo y siempre quiere ser el centro de atención.
2. Posee una preocupación obsesiva por su imagen.
3. Envidia los logros de los demás.
4. Crea un mundo ficticio, que gira alrededor de él, donde se siente superior a los demás.
5. No logra analizarse, porque la verdad le duele.
6. No tiene amistades duraderas, ni buenas relaciones.
7. Demuestra ira, enojo y mal trato a gente que para ella es inferior.

¡Cuánto daño puede haber en el corazón de una persona así!.. Mientras tenga este defecto en su personalidad no podrá construir buenas relaciones, ni mucho menos relaciones sólidas, seguras y duraderas.

Pero cuidado con confundir la alta autoestima con la arrogancia, pues ambas son atributos muy diferentes. Tener confianza en uno mismo es confiar en nuestras capacidades y, de hecho, esto es muy bueno, es un gran don y beneficio. Pero al ser arrogante, utilizas tus habilidades, con un sentimiento de orgullo tóxico que daña a los demás y los minimiza. La buena autoestima construye, la arrogancia destruye.

Combatiendo la arrogancia:

Si entendemos lo malo de tener arrogancia en nuestra vida no nos desanimemos. No todo está perdido. El remedio para esto se llama humildad, una cualidad que podemos y debemos cultivar. Aquí te comparto tres pasos concretos para hacerlo:

1. Cambia tus creencias fundamentales, de quién eres y gracias a quién tienes lo que tienes.
2. En las conversaciones, centra tu atención en los intereses de los demás y habla menos de ti.
3. Respeta el valor inherente de cada ser humano, sin tener en cuenta su posición social, su raza o su sexo.

Beneficios inesperados:

La práctica constante de estos principios corregirá poco a poco nuestras relaciones con los demás y nos traerá también otros beneficios inesperados:

1. Amor y admiración: El orgullo y la arrogancia es repulsivo para los demás, sin embargo la humildad es admirada por el mundo entero.
2. Paz personal: Ya que los humildes no tienen nada que demostrar, no existe la ansiedad de proteger nuestro ego e imagen.
3. Confianza y respeto: Así como el humilde se preocupa por los demás, las personas suelen respetan sus aportes y sus decisiones. Si eres humilde, serás respetado.

Analicémonos a nosotros mismos ¿estamos siendo arrogantes? ¿se nos han subido los humos?.. Si es así lo más probable es que esto puede hacer que causemos nuestro propio mal. ¡Detente!, cambiar y corregirlo es algo que está en tus manos y que puedes empezar a hacerlo ahora mismo.

Acerca del autor

Ana Sayan

Coach de la International Coaching Community – Londres, especialista en Valores humanos y Desarrollo Personal de Character First Institute – DF. México, Implementingpartner, Alta Dirección y Negocios en la Universidad de Piura (PAD), Directora General de Crece Consultores Perú S.A.C.

Especialista de Secuencia por RPP Noticias Radio y Televisión, brindando temas enfocados al desarrollo personal y familiar. Coach de Radio Corazón. Columnista de la Revista del Club Regatas Lima y de la Revista Viú del diario El Comercio.

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